El día que la Espiritualidad y el Yoga me enseñaron a volver a mí

Publicado el 7 de abril de 2026, 7:00

Hubo un momento en el que algo dentro de mí pidió un cambio. No sabía ponerle nombre, pero sí sabía que necesitaba respirar distinto, mirar distinto, sentir distinto. Ese fue el umbral por el que entraron la espiritualidad y el Yoga: no como modas, sino como un hogar invisible que siempre ha estado ahí, esperando a que yo regresara.

Un camino que empezó hacia fuera…y terminó hacia dentro

Durante años viví hacia fuera, respondiendo a expectativas, ritmos ajenos, urgencias que no eran mías. La espiritualidad me ofreció una pausa, un espejo, una invitación a escuchar lo que llevaba tiempo susurrando bajo el ruido. El YOGA fue la llave que abrió la puerta del cuerpo para que el alma pudiera hablar.

*La respiración se convirtió en maestra, enseñándome que la calma no se busca: se cultiva

*La intuición recuperó su voz, esa brújula interna que tantas veces ignoré por miedo o prisa.

*El cuerpo dejó de ser un instrumento de exigencia y pasó a ser un territorio sagrado, digno de cuidado y presencia.

*Los ciclos empezaron a tener sentidos, recordarme que no siempre hay que florecer; a veces toca caer, soltar, descansar.

 

Lo que cambió en mi forma de vivir

La espiritualidad no me alejó del mundo; me enseñó a habitarlo con más conciencia. El YOGA no me transformó en alguien nuevo: me devolvió a quien siempre fui antes de las capas, las heridas y las prisas.

Hoy vivo desde un lugar más suave, más honesto, más mío. Siento la vida como un tejido donde todo está conectado: mis emociones, mis raíces, mis decisiones, mis silencios. Y en ese tejido, cada postura, cada meditación, cada instante de presencia es un hilo que me recuerda que pertenezco a algo más grande que mis miedos.

 

Para quienes están empezando este viaje

No hay un único camino ni un ritmo correcto. A veces el despertar llega en forma de una esterilla, otras en una conversación, otras en un momento de crisis que os obliga a detenernos. Lo importante es reconocer la llamada, aunque sea tímida, y permitirnos responder.

La espiritualidad y el YOGA no promete una vida perfecta, pero sí una vida más consciente, más alineada, más verdadera. Y eso, al final, es una forma de LIBERTAD.

 

Soy plenamente consciente que la práctica del YOGA a guiado a mi mente a un lugar de paz tras de la pérdida de mi hija, no siendo un destino, sino un acto de amor que se repite cada día. El YOGA, con su ritmo lento y su verdad silenciosa, se convirtió en el espacio donde pude sostener mi dolor sin romperme. Donde aprendí que la calma no borra la ausencia, pero sí le da un lugar digno dentro de mi corazón.

 

Dedicado a todas las personas (profesoras) que formaron parte del camino @centro_de_yoga_marianasimon, @isabelamorosyoga, @yogasalapetrer


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