La Generación Silenciosa (nacidos entre 1928/1945) es la generación de mis abuelos, tengo 43 años y dos abuelas entre 83 y 90 años. Tengo la gran suerte de aun tenerlas aquí conmigo. Mujeres que en el silencio encontraron resistencia, marcando un camino que hablaba con actos y no con palabras. Hoy os escribo a vosotras ya que os admiro. Admiro vuestro coraje, fuerza y capacidad para mantener el puente de unión familiar, ante la adversidad de quienes han crecido en tiempos difíciles marcados por una posguerra, escasez y poco espacio para expresarse libremente. Por las que están y por las que desde algún lugar bonito siguen velando por nosotros.
Hubo un tiempo en el que la vida no daba tregua, y aun así ellos siguieron adelante. Los hombres y mujeres de esa generación crecieron entre escasez, disciplina y deberes que no se elegían, pero que se cumplían con una dignidad que hoy aun nos llega al alma. No levantaban la voz, pero su fuerza se escuchaba en cada gesto. No pedían ni esperaban reconocimiento, pero dejaron huellas profundas en sus familias y generaciones futuras, en sus barrios, en un país entero que se reconstruía emocionalmente sobre sus manos.
ELLOS fueron raíces firmes en tiempos de vientos.
ELLAS fueron orden, cuidado y constancia cuando todo al alrededor era incertidumbre.
Fueron hogar, incluso cuando el hogar era pequeño, frio o prestado.
Su silencio no era sumisión: era resistencia, era estrategia, era AMOR.
LOS QUE CRUZARON FRONTERAS: Mujeres y Hombres que llevaron España en una maleta.
Ahí están ellos, los que tuvieron que marcharse. Los abuelos que dejaron su tierra, su lengua, sus costumbres y hasta a sus hijos, como es el caso de mi madre que se crio con mi bisabuela, para que ellos pudiesen buscar un futuro en nuestro caso en Bélgica.
Fueron pioneros sin saberlo.
Aprendieron a vivir en países donde nadie pronunciaba bien su nombre, donde el clima era distinto, donde la comida sabia a nostalgia. Y aun así se adaptaron.
Aprendieron oficios nuevos, levantaron hogares nuevos, enviaron dinero, cartas, fotos, regalos… pequeños puentes que mantenían unida a la familia a pesar de la distancia.
Ellos fueron el primer hilo de reunión familiar, las que mantuvieron el vínculo vivo cuando el océano parecía demasiado grande.
Gracias a ellos, muchas familias pudieron reencontrarse, estudiar, prosperar y soñar.
UN HOMENAJE NECESARIO
A toda esa generación de hombres y mujeres – los que se quedaron y a los que se fueron- les debemos más de los que imaginamos.
Su coraje silencioso abrió caminos que hoy recorremos con más libertad. Su capacidad de adaptación nos enseñó que la fortaleza no siempre grita: a veces cocina, cose, cuida, trabaja, espera y sostiene.
Su amor familiar, tan firme y discreto, es el hilo que todavía nos une, un legado de valor incalculable para todos lo que sepan ver más allá de lo que divisa el ojo humano.
Gracias por ser cimiento, puente y memoria.
Gracias por enseñarnos que el silencio también es una forma de valentía.
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Comentarios
Gracias Rosa, por tus sabias palabras, siempre llenas de cariño y con la pausa para la reflexión, que nos llenas con lo que es importante en estos tiempos de prisas, donde parece que no podemos parar, por ayudarnos a ver de donde venimos y tener siempre presente que no vamos solos en nuestro camino. Y como bien dices, quienes no están ya entre nosotros nos siguen acompañando para que nunca caminemos solos.